TODO SOBRE CÓMO SE ALIMENTA TU ESENCIA

“Esencia” es una palabra que solo decirla y/o pensarla me genera bienestar, paz y conexión conmigo misma. Será por esto que cuando conocí el proyecto de Marta me enamoró: “Alimenta tu Esencia”, cuanto mensaje en tan solo tres palabras.
Esto que a mi me genera la palabra “esencia” y este enfoque de Marta quiero hacértelo llegar a ti. Por este motivo, es un placer tenerla en EMOALIMENTACIÓN como invitada.


LAS RESPUESTAS SOBRE CÓMO SE “ALIMENTA TU ESENCIA”

Por Marta García – Psicóloga y psicoterapeuta, especializada en PsicoNutrición.

¿Qué es para ti la esencia de una persona?

Antes de explicar lo que es para mí la esencia, me gustaría que pudiéramos explorar su raíz. El término proviene del latín essentia y se trata de una noción que hace referencia a lo característico y más importante de una cosa.

Para la metafísica, la esencia es la realidad persistente en un ser más allá de las modificaciones que surgen por lo accidental. En otras palabras, independientemente de los cambios superficiales que atraviese una persona o cosa, su esencia (que representa los rasgos que los hacen únicos) se mantendrá intacta. Así pues, la esencia es aquello invariable y permanente que constituye la naturaleza de las cosas y es lo que hace que un ser u objeto sea lo que es.

¡Ahora sí! Según mi experiencia, diría que la esencia es nuestro yo más real, nuestro yo más puro.Me gusta imaginar a nuestra esencia como nuestro propio hogar. Un hogar donde nos sentimos tranquilos y en paz, donde no existen los miedos ni las inseguridades. Y lo mejor de todo, es que es un hogar portátil, va contigo allá donde vayas. Puedes mostrarte seguro y auténtico en cualquier situación y ante cualquier persona. Porque cuando conectas con tu esencia sabes que los juicios, la vergüenza, los pensamientos negativos, no te pertenecen.

Y aunque nos sintamos algo perdidos, sin saber muy bien qué es lo que queremos, necesitamos, o quiénes somos, no importa, pues nuestra esencia sigue ahí, latente, esperando a que seamos fieles a ella, es decir, a nosotros mismos.

Y para finalizar con esta pregunta, me gustaría hacer referencia al escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry , escritor de “El Principito”, y a su famosa frase “lo esencial es invisible a los ojos”. Con estas palabras hace referencia a que aquello que verdaderamente constituye a un ser no es su aspecto físico o su apariencia, sino que la esencia está dada por los sentimientos y solo con el corazón podremos verla.

De niñas/os se es pura esencia, ¿qué sucede para que se deje de prestar atención a la esencia y se “abandone”?

Son varios los motivos por los cuales dejamos de prestar atención a nuestra esencia, pero antes de nada, debo decir que es algo que tiene mucho sentido y más adelante entenderéis por qué.

Los motivos que creo pudieron influirnos son:

  • Cuando de niños nos expresamos sin censura y sin vergüenza, probablemente fuimos reprimidos, callados o nos dijeron cómo debíamos actuar.
  • Porque se nos fue educando para pertenecer a una clase social, a un grupo, dejando a un lado lo que sí éramos.
  • Cuando en el colegio se nos pedía que nos comportáramos todos igual, y si no lo hacías eras el rebelde, el “malo”, y claro, ¿quién quiere ser malo?
  • Cuando sentimos emociones que eran dolorosas o desagradables y decidimos evitarlas de manera inconsciente.
  • Cuando expresamos alguna emoción y se rieron de nosotros o nos juzgaron, por lo que pudimos entender que no sentir sería la mejor opción.
  • Cuando en algún momento de nuestras vidas nuestra única misión era sobrevivir y tuvimos que adaptarnos o parecernos al resto para poder hacerlo.

Como antes mencionaba, todo esto tuvo un sentido y es que el que hayamos desconectado de nuestra esencia, tuvo una función adaptativa. Nos sirvió para encajar, para reforzar nuestra autoestima, para asegurarnos de que siendo de tal manera seríamos amados porque cuando somos niños, ser amados es lo único que necesitamos

Y para mí lo interesante no es tanto lo que hacemos cuando niños, sino cuando de adultos llega un momento, que lo que empezó siendo adaptativo, puede no serlo ahora.

Y es aquí cuando debemos hacer una revisión interna, mirar hacia nuestro interior y tomar consciencia de por qué hacemos las cosas, qué beneficio buscamos, qué función tiene mi síntoma (en el caso de que lo haya), qué me quiere decir. Porque ese síntoma, agotamiento o malestar es nuestra esencia gritando que volvamos a acariciarla.

Y es entonces cuando tienes el deber de responsabilizarte y generar una evolución interna. No se trata de cambiar, sino de crecer, de aumentar nuestra sabiduría, adaptándonos a nuestro entorno y circunstancias siendo coherentes con nosotros mismos.

Ahora, desde la adultez, sí es nuestra responsabilidad. Cuando somos niños, nuestra única meta es sentirnos amados. Ahora nuestra única meta debería ser amarnos a nosotros mismos, para entonces poder amar la vida.

¿Cómo se podría volver a rescatar la esencia auténtica y real de la persona?

Más que rescatar diría que se trata de volver a reconectar con nuestra esencia. Porque la realidad es que ella nunca se fue, tan sólo no la hemos sabido escuchar y sentir.

La verdad es que no es tarea fácil, pero sí puedo decir que merece mucho la pena. No hay una manera concreta de hacerlo, ya que cada persona y proceso es diferente. Pero algo que creo esencial es dedicarnos tiempo de calidad para darnos cuenta de cuáles son nuestras necesidades, sensaciones y emociones.

Se trata de romper con nuestra máscara narcisista, para descubrir que ahí abajo hay un mundo de emociones y sensaciones reprimidas que merecen ser escuchadas. Se trata de encontrar el silencio, la quietud interior para redescubrirnos.

En muchas ocasiones es el sufrimiento el que nos indica el camino a seguir. Y es por eso que cuando una persona está pasando por una mala época o crisis, tiene una gran oportunidad de retomar las riendas de su vida y conectar de nuevo con lo más importante: su ser, o lo que es lo mismo, su esencia.

Si llevamos tiempo sintiéndonos mal, sin ilusión, sin encontrarle un sentido a la vida, aconsejo también pedir ayuda a un buen profesional. Porque a veces, necesitamos que alguien nos ayude un poquito, para nosotros, poder ayudarnos mucho.

A continuación os facilito un ejercicio que nos puede orientar hacia aquellos espacios, actividades, momentos… que son vitales para volver a reconectar con nuestra esencia.

  • Primero, haz una lista de todas aquellas pasiones, experiencias…  (actividades, decir cosas que nunca dijiste, algún viaje…) que siempre te hubiera gustado llevar a cabo, pero que por h o por b, nunca realizaste.
  • También toma consciencia de qué necesitas para sentirte bien mental y físicamente y apuntalas.
  • A continuación haz una lista de aquellas cosas que ya tienes en tu vida y te apasionan, te hacen sonreír…
  • También toma consciencia de las cosas que sí haces para sentirte bien mental y físicamente y apuntalas.
  • Ahora mira qué lista tiene mayor peso y fíjate si hay alguna de las cosas que dejaste a un lado, que puedas volver a retomar o que puedas llevar a cabo próximamente.

Te animo a que valores si la vida que estás llevando realmente es acorde con lo que sientes que es bueno para ti. ¡Darse cuenta de ello es el primer paso!

¿Qué relación tiene la esencia de una persona con su manera de alimentarse?

Como hemos podido ver anteriormente, estar conectada con mi esencia, implica tener consciencia de mis necesidades y por lo tanto ser coherente conmigo misma. Por lo tanto, si ando algo despistado y no soy consciente de lo que necesito y quiero, mis palabras y acciones no irán de acuerdo con lo que realmente estoy pensando o sintiendo,

Y cuando no somos congruentes, porque quizá pensemos que siéndolo podemos dañar a otros, o porque buscamos el afecto y el amor de nuestros seres queridos… o quizá porque pensamos que nuestras opiniones o emociones no son tan importantes como las del resto… Cuando esto ocurre se ve afectada la manera en la que nos comunicamos con nosotros mismos.

Siempre he creído que ser  coherente con uno mismo es uno de los mayores retos del ser humano. Ya que implica autoconocimiento, observación de uno mismo y mucha valentía. Y esto, no resulta nada fácil, ya que en muchas ocasiones, seguir con los mismos patrones de siempre puede ser más sencillo que cambiar la manera de hacer comportarme, relacionarme, expresarme…

¿Y por qué hablo de coherencia? Te estarás preguntando… Lo sé, ¡me he ido por las ramas!, pero todo tiene un sentido y es que cuando no somos coherentes con nosotros mismos, generamos tensiones en nuestro cuerpo y emociones negativas que vamos reprimiendo. Y es entonces donde la comida tiene una gran función. Ya que la comunicación con uno mismo, como antes mencioné, se ve afectada.

Lo explicaré mejor con un ejemplo:

“Imaginemos a Lola, que tiene como prioridad dar al resto, sin tener en cuenta sus propias necesidades, porque claro, eso es lo que significa para ella ser buena persona, y ante todo, ella quiere ser buena persona.

Lola, se está dando el mensaje de que sus necesidades no son tan importantes como las del resto y por lo tanto, no contempla como su responsabilidad satisfacerse.

Lola pues, podría compensar su anhelo de mimos y cuidados de ella misma hacia sí misma, por comida.”

La comida nos produce placer. Y si nosotros no somos capaces de proporcionarnos dicha recompensa, la buscaremos en fuentes externas, como en este caso, es la comida.

Y hay más, cuando no permitimos que nuestra esencia se exprese, es como si perdiéramos la oportunidad de que nos guíe nuestro sabio interior. Y como consecuencia, podemos sentirnos atrapados ante cualquier emoción desagradable por no saber gestionarla.

Aquí de nuevo la comida tiene una gran función: tapar las emociones desagradables. Porque puede resultar más fácil sentir el estómago lleno, que sentir la angustia, o el malestar o la tristeza.

Y todavía hay más, cuando estamos desconectados de nuestra esencia, es como si una parte de nosotros estuviera apagada, es como si fuéramos la sombra de lo que podríamos ser, o mejor dicho, de lo que podríamos expresar.

Y por lo tanto, no escuchamos aquello que nuestra esencia pide a gritos, que es ser, sentirse relajada, realizar actividades que nos animen a explorar, a avanzar… y de nuevo, en vez de buscar de qué manera puedo sentirme realizada (mediante actividades, retos, arte…) busco esa fuente de satisfacción en algo externo, de nuevo nuestra aliada la comida.

En tu caso particular, ¿qué has aprendido alimentando tu esencia?

En mi caso diría que alimentando mi esencia aprendí qué soy. Y puede parecer muy simple, pero para mí descubrir eso fue toda una aventura.

Aprendí que soy independientemente de si agrado o no, de si cumplo o no las expectativas de los demás.

Aprendí a ser más asertiva con los demás y ahora estoy aprendiendo a serlo conmigo misma también.

Aprendí a escuchar mi voz interna, a mi guía interior, que ni siquiera sabía que existía.

Aprendí a no esperar a que las cosas sucedan, sino a hacer que sucedan.

Aprendí que no hace falta ser perfecta para ser, sino que nos tenemos que permitir fluir, con las imperfecciones que eso conlleve.

Aprendí a observar más y juzgar menos. A estar presente y no ausente. A reír, pero sobretodo, aprendí a llorar.

Aprendí a esperar menos y dar más. A mirar a los ojos y dar abrazos (de los de verdad).

Y sin duda, aprendí de que de la persona de la cual debía estar realmente enamorada era de mí misma.

¿Cómo llegaste a querer crear “Alimenta tu Esencia”?

Soy co-fundadora de Cuida’t (Centro de Nutrición, Psicología y Bienestar), en Esplugues de Llobregat, Barcelona, donde trabajo mano a mano con mi encantadora hermana y amiga Mireya García, dietista-nutricionista.

Durante todo este tiempo trabajando con mi hermana, he sido consciente de como la mayoría de las personas que tienen obesidad, saben qué deben comer, pero aún y así no pueden alcanzar sus objetivos, debido a la falta de constancia, motivación, atracones, picoteo…

También he observado que hay muchísimas personas que tienen una complicada relación con su alimentación y su cuerpo, del cual se sienten esclavas. A la par que he podido ir comprendiendo como la falta de regulación emocional hace que la comida ocupe una gran función en sus vidas, entre otras cosas.

Es por este motivo que decidí llegar a muchas más personas. Personas que necesitan un empujoncito para mejorar su relación con la comida y deshacerse del lastre que lleva pesando demasiado tiempo.

Tras pensar de qué manera podía ayudar a este perfil de personas, se me ocurrió la idea de crear un taller para trabajar la manera en la que nos relacionamos con la comida. Y para mi sorpresa, los resultados fueron espectaculares.

Muchas de las personas cambiaron, no solo la manera en la que se relacionaron con la comida, sino que también cambiaron sus vidas y su manera de ver el mundo.

Me entusiasmó la idea de poder ayudar a personas a través de su relación con la comida. Algo que parece tan “simple” pero que si de veras nos atrevemos a explorar, puede enseñarnos un mundo, hasta llegar a nosotras mismas, nuestra esencia.

Una participante del primer taller, tras finalizar, me dijo: “Marta, por favor, no dejes de hacer esto. A mí me has ayudado muchísimo y estoy segura que hay muchas personas como yo que están buscando la manera de transformar su relación con la comida”.

Así que pensé, ¿y por qué no? Recuerdo que un día, mientras estaba paseando por la montaña, le envié un mensaje de agradecimiento, diciéndole que gracias a sus palabras me estaba planteando la idea de crear una web y continuar con los talleres (ya que el primero fue una prueba piloto).

Al finalizar el mensaje le puse: y no dejes de alimentar tu esencia. Y fue entonces cuando se me iluminó la bombillita y sentí que quizá ese sería un buen nombre si me decidía a crear la web, “Alimenta tu Esencia”.

Y para acabar, ¿algún consejo o recomendación para nuestras/os lectoras/es?

El único consejo o recomendación que puedo dar es que explores. Que te atrevas con cosas nuevas, ya sea leer un libro, apuntarte a una actividad, pedir consejo, o salir a pasear a la playa a las 10 de la noche. Que hagas cosas nuevas que te inspiren a reflexionar, a conocerte, a observarte.

¡Y cuánta razón tiene! Estamos acostumbrados a esperar que las cosas cambien y sin embargo seguir pensando y actuando de la misma manera.

Así que deja de esperar que las cosas cambien y que el cambio empiece por ti.

Si te ha gustado y quieres alimentar tu esencia, no dudes en contactar con Marta a través de su web: www.alimentatuesencia.com

Psicóloga y psicoterapeuta.
Especializada en PsicoNutrición.
Co-fundadora de Cuida’t

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