COMER SIN HAMBRE: LA CONDUCTA QUE TE HACE ENGORDAR Y EMPEORAR TU SALUD

Comer sin hambre es una de las conductas más comunes en nuestro día a día. Todos sabemos la teoría de lo que debemos o no debemos comer y aun así no siempre conseguimos tener una dieta saludable.  Y es porque otros factores, como por ejemplo el estrés y la angustia (provocados por diferentes estados emocionales) influyen en los alimentos que escogemos, en la cantidad que tomamos y en la manera que los ingerimos.

Las razones más comunes por lo que principalmente comemos sin hambre son:

  • Nervios / ansiedad: a muchas personas este estado les conduce a comer de forma compulsiva, a engullir la comida, hasta sentirse relajados.
  • Vida social: nuestros encuentros sociales generalmente van asociados con la comida; quedamos para tomar un café, una cerveza… y ya sea por costumbre o por “comer con los ojos” solemos acompañarlo con algún dulce, tapa o snack.
  • Los antojos: buscamos el placer a través de un alimento, al comerlo tenemos la sensación de haber colmado el hambre, mientras que es la emoción lo que hemos saciado. El conseguir este efecto hace que repitamos la misma acción cada vez que sintamos esa emoción, porque así hemos educado a nuestra mente.
  • Hábitos de la infancia: desde pequeños los adultos nos han ofrecido alimentos como premio, castigo o consuelo. Si nos negábamos a comer la verdura o el pescado, nos quedábamos sin postre, si nos portábamos bien nos premiaban con dulces, si llorábamos por frustración, tristeza, etc. nos consolaban con la promesa de darnos golosinas, y así un largo etc… cada uno tendrá el o los suyos. Es por ello que de adultos necesitamos determinados alimentos cuando nos sentimos de determinada manera, ya sea para calmarnos, para desterrar de la cabeza todos los problemas, dudas y/o preocupaciones.
  • Apegos alimenticios: comer un alimento específico de forma reiterada y seguramente en un momento determinado del día es lo que llamamos apego alimenticio, y en realidad es una carencia, ya sea a nivel físico, emocional o mental. A nivel físico por una carencia nutricional. A nivel emocional, cuando comemos sin hambre, estamos utilizando la comida para evadir y ocultar emociones que no queremos ver y/o sentir. Algunos ejemplos son: victimismo, falta de auto-confianza, tristeza, vacío, miedo, rabia, etc. convirtiendo la comida en nuestra intermediaria con el fin de cambiar nuestro estado emocional.

Consejos:

  • Aprende a escuchar a tu cuerpo, él sabe cuándo, cuánto y qué quiere comer dependiendo de sus necesidades nutricionales.
  • Come al menos cuatro veces al día (desayuno, comida, merienda y cena). Cantidades adecuadas ayudarán a detectar con naturalidad la verdadera sensación de hambre.
  • Identifica las situaciones críticas. Hacer un registro diario y tomar nota de todo te ayudará (qué comes, entorno, estado anímico,  si el lugar es agradable, etc.).

Nuestra emoción también necesita nutrirse, pero no con chocolates, bollería, snacks, etc. Debemos prestarle la atención que se merece, pararnos a sentir qué nos ocurre y ponerle palabras a lo que sentimos; esto puede ayudarnos a afrontar de manera adecuada y sana aquello que no nos deja estar bien.

No utilices el alimento como un aislante emocional.

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2 comentarios
  1. Zulia Dice:

    Me parece un blog muy interesante y de mucha ayuda!! Es increíble como nuestras emociones pueden influir también en nuestra dieta, gracias por los “tips” y ánimo, este blog promete 😉

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