POR QUÉ ALEJARSE DE LA OPERACIÓN BIQUINI

Desde la vuelta de Semana Santa son muchas las personas que han empezado a hacer dieta (otra vez), diciendo con humor: “ya hay que empezar con la operación biquini”. Y es que este concepto se ha convertido en algo totalmente normal, pero, ¿es buena esta “normalidad”?

Por esta y otras preguntas, aprovechando que este mes de junio ha empezado oficialmente el verano y con ello la operación biquini express, es decir, personas que quieren resultados en como mucho un mes. He querido invitar a Sandra Navó, Psiconutricionista Integrativa y Coach de salud, para que nos hable desde su experiencia sobre los riesgos de la operación biquini.

RESPUESTAS SOBRE LA OPERACIÓN BIQUINI

Por Sandra Navó, Psiconutricionista Integrativa, Coach de salud y apasionada de los animales.

Cristina, antes de empezar la entrevista quería comentar dos cosas:

En primer lugar, muchas gracias por contar conmigo. Me encanta y me satisface enormemente que profesionales con la misma filosofía y ganas de aportar al mundo podamos unirnos en este cometido. Compartir e ir a la una en vez de competir. Es enriquecedor.

Así que de nuevo gracias Cristina, de corazón. Además, que ya te he dicho que me encanta tu proyecto y la energía que desprendes. Gracias, enhorabuena por tu trabajo.

En segundo lugar, quería hacer un pequeño matiz. Con mis respuestas no quiero sentar cátedra, ni mi objetivo es que la gente se crea todo lo que digo. No tengo la verdad absoluta. Sólo voy a hablar sobre mi experiencia y lo que recomiendo es que cada una lo lea con ojo crítico.

Si de la manera que lo estás haciendo no te está funcionando y te resuena lo que explico ¡adelante! Te animo a que lo experimentes y que te quedes con lo que te sirva y deseches lo que no te sirva.

Si por el contrario te chirría lo que digo y/o ya te va bien lo que haces, también está fantástico. ¡Respeto máximo!

Y ahora sí, ¡empezamos!

¿Por qué decidiste salirte del camino de lo que sería un servicio de dietética y nutrición convencional?

Esencialmente porque yo misma viví durante años una mala relación con la comida y con mi cuerpo. Tuve sobrepeso, ansiedad, bulimia, muy baja autoestima y otros problemas relacionados.

Al superar la bulimia, comprendí que mi misión en esta vida era ayudar a otras personas a lograrlo.OPERACION BIKINI

Estudié la carrera de Nutrición y al terminar empecé muy pronto a trabajar en consulta. Pero a partir de la experiencia me empecé a dar cuenta que la mayoría de las personas que acompañaba, no seguían la dieta que les proponía; o sí, pero la abandonaban al poco tiempo. O adelgazaban pero después volvían a engordar.

Paralelamente en mi propio proceso personal también me di cuenta que aunque la bulimia estuviera superada, solo había sido “controlada” a nivel conductual. Es decir, sólo había dejado de tener los síntomas, pero el origen no había sido sanado.

Con todo ello llegué a la comprensión que la alimentación solo era una “pata” y que era necesario atender algo más.

Es aquí donde empecé a buscar y atender otros factores que iban más allá de los elementos físicos o de la pedagogía nutricional que habitualmente se tratan en una consulta dietética. También, a integrar poco a poco todo aquello con lo que trabajo ahora.

Asimismo, inicié la búsqueda de las causas en vez de quedarme en la superficie, tratando solo los síntomas.

Además de los trastornos alimentarios más conocidos y más evidentes, detrás de la mayoría de los casos de sobrepeso o incapacidad de seguir una dieta se esconde una vínculo emocional con la comida o un trastorno alimentario: Adicción a la comida, ingesta compulsiva…

Hay muchas personas que sufren en silencio y se ven como personas incapaces y sin voluntad ninguna, cuando no es así para nada. Simplemente lo que sucede es que no se está atendiendo el problema real.

Por ello no me gustan las etiquetas.  Entiendo el sobrepeso y la dificultad para seguir una dieta, no como problemas en sí, sino como síntomas que parten de desajustes internos o necesidades en un plano más profundo.

No solo esto sino que además, puede ser una maravillosa oportunidad de sanación y evolución si se utilizan como vías de autoconocimiento y crecimiento personal.

Para mi esto es esencial, mi misión y lo que le da sentido a mi trabajo. Aliviar este sufrimiento, despertar consciencias y ofrecer soluciones reales.

¿Qué es la Psiconutrición?

La definición más general y estándar que podría dar de la Psiconutrición sería esta:

Disciplina científica encargada de ayudar a la persona a identificar, analizar y gestionar adecuadamente todos sus procesos psicológicos, emocionales y conductuales que estén relacionados con la implementación o mantenimiento de unos hábitos alimentarios saludables.

Esto es, una disciplina que tiene como objetivo modificar la forma de relacionarse con la comida.

No obstante, mi forma de entender y trabajar la Psiconutrición es algo más que una fusión de Psicología con Nutrición.

Utilizo un enfoque holístico con una metodología en la que integro otros métodos, herramientas y disciplinas que ayudan, como he dicho en la pregunta anterior, a utilizar estos aparentes problemas como una vía para hacer proceso de sanación, liberación, autoconocimiento y crecimiento personal.

Se trata de trabajar las estructuras y hacer el cambio de dentro hacia fuera, esto es que el cambio de hábitos sea una consecuencia, no la vía.

La parte “Psico-” no proviene sólo de psicología o psicoterapia, sino de todas aquellas disciplinas que utilizo las cuales tienen en cuenta la psique en nuestra conducta alimentaria, en el peso y en la salud: Psicoterapia del bienestar emocional, Psicoterapia QILIMBIC® (la piedra angular de mi trabajo psicoemocional), Psicoterapia corporal, Psicología energética, Psiconeuroinmunoendocrinología, Psicosomática clínica humanista, Psicolinguistica…

A su vez, integro otras herramientas o disciplinas que también tienen que ver con la psique y el trabajo emocional: Desarrollo personal (Coaching, Inteligencia emocional, PNL, Hipnosis), Mindfulness…

La parte “-Nutrición” proviene de “Nutrición Humana y Dietética”. No obstante, tal y como yo la entiendo es desde un enfoque evolutivo volviendo a una alimentación antiinflamatoria, natural, parecida a la de nuestros antepasados, lo más vegetariana posible, compuesta de alimentos y no de productos procesados. Al menos la mayor parte del tiempo.

Además, considero esencial atender las dimensiones del ser tales como:

  • La dimensión física: El estado de los intestinos, si el metabolismo está “vago” como consecuencia de haber hecho muchas dietas milagro, si existen problemas hormonales, si existen los shocks psicosomáticos, etc.
  • Psicoemocional: La presencia de creencias inconscientes limitantes, bloqueos y conflictos emocionales, la relación emocional con la comida…
  • Espiritual: Quien soy yo, si mi vida me satisface, si hago lo que he venido a hacer, si estoy cumpliendo con mi propósito de vida….
  • Interpersonal-social: Cómo me afecta mi entorno, el lugar que ocupo en la familia, como yo me expreso y me relaciono con los demás, con qué me identifico (si me identifico con mi familia/clan en la que hay sobrepeso…).

El dicho “somos lo que comemos” está muy extendido y sobrevalorado. No somos lo que comemos, somos mucho más que esto. También somos más que lo que pensamos, lo que sentimos, el entorno en el que vivimos…

Vivimos una realidad, y es que en cuanto acaba la Semana Santa la operación biquini se ha convertido en un ritual para muchas mujeres. Un ritual que para muchas se convierte en prohibiciones, restricciones, frustraciones, obligaciones, etc. Mujeres que quieren perder de vista esos 2-3 quilos, hasta 10-15kg cuanto más rápido mejor para estar estupendas en vacaciones.

Muchas, en algún momento hemos hecho la operación biquini, ¿qué opinas de ello?

Mira, precisamente esto no lo he vivido en mi propia piel. En mi caso, vivía permanentemente en restricción combinado con atracones. No obstante, lo que sí diferenciaba la llegada del calor y la playa era el estrés añadido y los altos niveles de angustia por tener que mostrar mi cuerpo, el cual consideraba inadecuado.

Ahora bien, lamentablemente sí es una realidad que está a la orden del día y, en mi opinión, una tendencia muy destructiva que nos provoca mucho malestar y emociones desagradables como tú muy bien mencionas: Frustración, estrés, sensación de esclavitud, impotencia, rabia… Al fin, es algo que nos causa muchísima infelicidad.

Vivimos en una sociedad esclava de lo inmediato, de las prisas, de lo efímero. Lo queremos todo para ayer; en muchos ámbitos de la vida y en el peso también. Buscamos resultados lo más rápidos posibles y si puede ser, sin esfuerzo.

A todo ello se suma toda la oferta de “adelgaza rápido y sin esfuerzo” que solo agrava más la situación, y que por qué no mencionarlo, me generan mucho cansancio, enfado e indignación. Pero esto ya sería objeto de otra entrevista en la que seguro coincidiríamos en las respuestas Cristina 😉

Mientras el objetivo sea hacer una dieta con el fin de bajar quilos rápido para el verano “lucir palmito” y no un cambio de hábitos, una mejora en la calidad de vida, la salud, el bienestar, la felicidad, la libertad… Será una crónica de una muerte anunciada.

Mientras se quieran resultados rápidos y sin esfuerzo no habrá nada que hacer, al menos de forma permanente. Las dietas por mi experiencia no sirven. Al menos, no sirven por más de unas semanas o unos meses. 

operacion bikini

Lo que sí sirve es una toma de consciencia, un cambio de hábitos, de patrones, un cambio de vida… Y esto no es hacer algo unos días de forma forzada.

En esencia, significa realizar cambios profundos para toda la vida en la forma de alimentarte, de vivir, de pensar, de sentir, de relacionarte… Y esto supone cierto esfuerzo.  Tanto por el cambio alimentario en si, como por la realización de actividad física diaria o varios días a la semana. También, por el trabajo terapéutico y/o de desarrollo personal para solucionar los conflictos con el peso y la comida. Trabajar las raíces no es un trabajo de dos semanas, ni de dos meses claro.

Cuando hablo de esfuerzo, no hablo de desgaste, ni sufrimiento, ni de una lucha desgastante.  Esto ya sería otra cosa. Me refiero a un esfuerzo gustoso, como el que hemos de hacer para cualquier cosa en la vida que merece la pena en esta vida.

“Suerte que en verano se me quita el hambre, así dejo de comer y pierdo estos quilos”. Sandra, ¿qué responderías a este comentario?

En este comentario destacaría cuatro asuntos:

1. En primer lugar, me gustaría aclarar que “el hambre se quite” no es ninguna suerte. Existen patologías graves en la que el hambre se va y las personas que lo sufren, sufren mucho, valga la redundancia.

2. Es cierto que en verano el apetito se reduce, en especial de comidas copiosas y calientes. Nos apetecen platos más frescos y crudos. No obstante, también se nos abre el apetito, o más bien el deseo, de consumir refrescos, granizados, helados, cocktails… Si esto no se modera, por mucho que se reduzca la cantidad de comida por otro lado, no se bajará de peso. Es posible que incluso suceda al contrario, que se suba de peso.

3. Dejar de comer, (no quiero entrar en obviedades pero tampoco no puedo no citarlo) no es natural, ni saludable. Puede tener consecuencias nefastas en el organismo e incluso derivar en un trastorno alimentario.

Dejar de comer para adelgazar, verdaderamente no es una estrategia sostenible en el tiempo.

Sí que es cierto que posiblemente podremos forzarnos a no comer durante un tiempo, pero no por mucho tiempo, a no ser que esto derive en un trastorno alimentario como la anorexia restrictiva, que aquí ya entramos en un terreno grave y peligroso. Al final, un día u otro nuestro organismo nos va a pedir desesperadamente los nutrientes que no le estamos dando y lo va a hacer gritando muy fuerte para que lo escuchemos.

¿Cómo? Provocándonos un hambre tan voraz que no nos podamos aguantar por mucho que lo intentemos. Acabaremos dándonos un atracón. Uno o más, porque es posible que a partir de ahí no podamos controlarnos y empiece el “de perdidos al río”.

En este atracón o atracones podemos llegar a consumir más energía de la que nos hemos estado privando con alimentos de verdad durante los días de restricción y encima lo haremos consumiendo productos procesados, azucarados, etc. En serio, no sale a cuenta es un “Pan para hoy y hambre para mañana”.

Al “dejar de comer” o hacer una dieta muy drástica que encuentras en internet, en revistas no científicas o “dietas” que te “pasan” amigas o vecinas, pensando que así adelgazarás más rápido, lo que sucede es que se disminuye el aporte de nutrientes, con lo cual el organismo se encuentra en déficit o carencia y se pone en estado de alerta.

Es entonces cuando empieza a recurrir a sus reservas para intentar cubrir las necesidades de tu cuerpo. Y lamento decir que no empieza por las grasas. Se empieza a perder músculo, agua, nutrientes… Si se necesita aminoácidos esenciales, se “cogen” de la proteína de los músculos, de las uñas, del cabello… El calcio se obtiene de los huesos, etc.

Esta señal de “alarma” también provoca cambios en el metabolismo, que “ahorra” todo lo que puede y “quema” menos. Es decir, se ralentiza.

Con lo cual, cuando comas, por poco que sea, tu metabolismo lo reservará todo y lo “guardará”. Y guardar significa almacenar en forma de grasas (las grasas son nuestras reservas de energía), precisamente lo contrario de lo que quieres.

También, la falta de nutrientes puede ocasionar que no se queme grasa de forma correcta. Algunas vitaminas y minerales actúan como cofactores en la metabolización de las grasas. Un cofactor es un componente necesario para que se desarrolle una reacción metabólica.

Por otro lado, en relación a los resultados, lo que nos sucede es que al principio sí vemos un descenso en la báscula. No obstante, si bajas de peso dejando de comer, primeramente será debido a la pérdida de agua y de masa muscular (sobre todo si se ingiere poca cantidad de proteína).

Por eso en estas dietas drásticas se pierde tanto peso. Encima, cuando pierdes tanto peso debido a la pérdida de músculo, te quedas sin fuerza, debilitada, flácida, sin tono muscular.

Así que no es lo mismo bajar de peso sea como sea, que adelgazar bien. Adelgazar bien sería mantener un buen tono muscular y eliminar con estrategias sostenibles, coherentes y saludables la grasa excesiva corporal teniendo en cuenta las características particulares de cada persona.

4. Por último, en relación a como está expresado el comentario en términos psicolingüísticos, he de decir que el “objetivo” está destinado al fracaso. A nadie le gusta perder. Aunque sean quilos.

“Quiero perder quilos” es una incoherencia que nuestro inconsciente no acepta.

Así que mientras no se exprese de otra forma, y en vez de “perder” digamos por ejemplo, “bajar quilos” o “conseguir un peso saludable para mi”, lo más probable es que nuestros esfuerzos que se vean boicoteados.

La motivación que se tiene para iniciar la operación biquini generalmente acaba en cuanto la persona empieza las vacaciones. Entonces ya desconecta, no solo del trabajo y las rutinas (que es agradable), sino también de su salud. A modo de premio (inconsciente) comen y beben sin conexión alguna. Y a la vuelta de vacaciones, con el peso de más, vuelta a empezar el ciclo de dietas.

¿Qué se podría hacer para aprovechar esta motivación inicial y hacer este cambio definitivo de una forma más consciente y saludable?

Algo que me parece alarmante e incoherente es que tengamos que “desconectar” de la salud. No obstante, al fin, tiene todo el sentido del mundo: si nos hemos machacado y hemos sufrido con dietas draconianas que hemos hecho cual maratón y la única motivación es el día final en el que se termine el infierno y seremos libres de comer de todo lo que nos hemos privado… Es lógico y natural que lo que más nos apetezca cuando “terminamos” es desconectar de la dieta.

¿A quien le gusta sufrir? Este es el quid de la cuestión. Sucede lo mismo con los estudiantes cuando tienen exámenes de fin de trimestre, de fin del año, o por ejemplo, se preparan la selectividad.

Es tan duro, tan fuerte, tan intenso, que lo único que desean es que termine, que venga el verano ya, poder descansar, desmadrarse y olvidarse de los estudios completamente.

O los trabajadores cuando tenemos que entregar un proyecto muy grande y tenemos un plazo de tiempo corto. Hacemos un sprint tan intenso y desgastante, que lo único que queremos es olvidarnos de todo al terminar. Irnos a cenar, cogernos vacaciones, salir con los amigos, tomar unas cañas, estar con la familia… Lo que sea, menos trabajar.

He aquí la cuestión. Por mucho que te encante lo que haces, si lo haces de esta manera, lo quemas. Mucho más si encima, como en el tema de las dietas, le añades la autocrítica, la comparación, la sensación de no llegar nunca a esos cánones ideales (a la par que irreales) que hoy por hoy están tan a al orden del día en las redes sociales y que provocan una sensación de desvalorización y frustración permanente.

Mucho menos si lo hacemos obligadas con un plan dietético impuesto por alguien, y nos prohíben o nos prohibimos nosotras mismas alimentos o productos que nos apetecen. Esto acaba explotando en un momento u otro. Es una bomba de relojería.

En este caso, la explosión llega en el inicio de las vacaciones activada por una trampa mental del tipo “He hecho mucho esfuerzo, me he sacrificado tanto que ahora es mi momento, me lo merezco, ¡Este va a ser mi verano!”. También puede aparecer la rebeldía “Ya estoy harta de comer lo que me dicen, ahora voy a hacer lo que me de la gana, por fin soy libre”.

Creo que es totalmente lógico lo que sucede, si se hace de este modo. A mi también me sucedería si lo hiciera así, por supuesto. Lo comprendo.

Es importante tomar consciencia de las consecuencias que tiene afrontarlo así. Acabamos comiendo mucho más de lo que comeríamos si no nos hubiésemos sometido a ningún tipo de restricción anteriormente.

Al contrario que cuando se hace desde la libertad. Cuando uno elige cuidarse y disfruta con ello, es imposible llegar al verano y desconectar de esto. Porque esto precisamente es la conexión en si con uno mismo cuando está bien.

Cuando llegas a este punto, y esto generalmente es la consecuencia de un proceso personal que requiere cierto tiempo y esfuerzo, lo que te apetece es lo que te va bien y lo que te conviene.

Así que, ponerse el biquini en verano y lucir un buen cuerpo, puede estar bien como incentivo y puede ser un motor para la acción. Pero es importante tener en cuenta que esto no es más que una motivación externa y de corta duración: ¿Qué pasará después del verano?

Si queremos cambiar nuestros hábitos, necesitaremos encontrar nuestra motivación interna para hacer frente a los meses que precisa el aprendizaje y el cambio alimentario.

Para encontrarla podemos preguntarnos “¿para qué voy a hacer esto?”. Más que el “¿por qué?”, que va dar lugar a justificaciones.

Saber nuestro “para qué” y tenerlo muy presente, así como que esté alineado con nuestros valores, va más allá de un objetivo numérico de quilos, centímetros o motivos meramente estéticos.

Es algo muy potente que nos va ayudar a darnos dirección y a aumentar y mantener la motivación interna, el motor que nos impulsará a realizar las acciones necesarias para conseguir nuestros objetivos por la mera satisfacción de hacerlas, sin necesidad de ningún incentivo externo.

La sensación de placer y de auto-superación en si mismas en el hecho de cuidarse y de conseguir el objetivo. De modo que los buenos hábitos pasen a ser algo natural y automático. Así, no volveremos una y otra vez a “dejarnos” y engordar una vez pasado el verano, con el desequilibrio que esto nos provoca en todos los ámbitos de nuestra vida.

Por lo tanto, si estás en medio de una “operación bikini”, la fuerza y las ganas que tienes ahora te pueden ayudar a dar el primer paso en este camino hacia la libertad y la felicidad, lo cual, en realidad, es lo que todas deseamos profundamente.

La motivación para empezar es esencial ya que uno de los momentos de un proceso en los que se necesita más fuerza es “el arranque”. Así que ahora, ¿Por qué en vez de hacer de nuevo otra dieta sin ton ni son y desde la impaciencia, no empiezas un nuevo camino de conciencia, desde la serenidad y la reflexión?

Así, ahora mismo, puedes dar el primer paso utilizando esta fuerza para arrancar un proceso que aunque a priori sientas que te va a comportar más tiempo y más esfuerzo. Te genere cambios permanentes y sea verdaderamente la inversión y la oportunidad de tu vida.

¿Podrías mencionarnos tips/consejos para tener unas vacaciones de verano más conectadas con nosotras mismas de una forma saludable?

¡Claro que si! Me voy a centrar en diez tips principales y básicos para conectarnos con nosotras mismas y nuestro cuerpo este verano:

1. Cambia la prohibición y la restricción por la flexibilidad:

El secreto está en la triada “moderación, flexibilidad y goce”. Yo propongo seguir un alimentación flexible, más o menos un 80%-20%. Un 80% alimentación saludable y un 20% tomando lo que quieras, con moderación. Obtener placer con la comida y darse algún capricho de vez en cuando también es beneficioso. El placer es una necesidad y si no la cubrimos, podemos tener desequilibrios como por ejemplo: bajo estado de ánimo, irritabilidad, aparición de otras conductas compulsivas…

Además, las prohibiciones de alimentos provocan atracones de los alimentos prohibidos en cuestión. Lo prohibido atrae. Dile a un niño que no entre en un sitio o prohíbele tocar algo. ¿Sabes qué va a hacer o se va a morir de ganas de hacer no? Pues a nuestra mente le sucede lo mismo.

La cuestión no es permitirnos o no “caprichos”, sino que la cuestión es la frecuencia en la que nos los damos. Es necesario encontrar el punto medio entre el “Carpe Diem” y la represión total.

2. Cuenta las colorías y no las calorías:

Contar calorías ya ha quedado obsoleto. No sirve para nada más que para obsesionarse y estresarse. Lo más importante es que comas alimentos naturales y no productos procesados.

Que tus platos sean una explosión de colores, texturas y sabores. Cada color es un pigmento y cada pigmento es un nutriente. Contra más colores tenga tu plato, más nutrientes consumirás. Y esto es lo importante.

3. Márcate un objetivo claro antes de empezar las vacaciones.

¿Qué quieres conseguir este verano con tu peso y con tu salud? Esto te ayudará a centrarte y dirigirte hacia ello.

4. Disfruta del bienestar que te aporta cuidarte.

Muchas personas que he acompañado vivían el proceso con resignación y sintiendo que se estaban privando de comer cosas que les apetecían mucho y lo vivían como una pérdida o como un sobre esfuerzo. Te invito a que te preguntes, ¿en vez de perder, qué estás ganando? Esto es, focalizarse en los beneficios y no en el esfuerzo que está suponiendo

5. Céntrate en tu bienestar en todos los sentidos y no tanto en una dieta concreta.

El peso depende en gran parte de tu bienestar psicoemocional, no tanto de lo que comes, que es obvio que también. Pero no es lo más ni lo único importante, como ya habrás leído a lo largo de la entrevista.

Te invito a que puedas darle importancia a otras cosas como son: jugar, disfrutar, reír, compartir, abrazar… Y hacer todo aquello que te pueda llenar de verdad en todos los niveles.

De esta manera, como consecuencia irremediable, de forma natural elegirás alimentos acordes con este bienestar y a la vez, estarás tan saciada y llena que comerás justo lo que necesitas y no más, sin tener que auto-controlarte forzadamente.

Tu cuerpo es sabio y cuando estás conectada con él, se convierte en el mejor nutricionista que podrás tener jamás. Además, cuando estás bien emocionalmente y no hay niveles elevados de estrés en tu cuerpo, lo que sucede es que no acumulas líquidos ni grasas y por lo tanto, tu metabolismo funcionará estupendamente.

6. Come de forma consciente:

Antes de cada comida, respira profundamente, dándote cuenta de cómo estás, cómo te sientes, el nivel de hambre que tienes… Toma consciencia de lo que vas a comer y lo que quieres comer. Puedes preguntarte:

⇒ ¿Realmente esto que voy a comer es bueno para mi en estos momentos?

⇒ ¿Me apetece realmente?

⇒ ¿Es realmente hambre física lo que siento?

⇒ ¿Me perjudica o me beneficia?

Además, procura comer sin distracciones, centrándote en cada bocado, sus texturas, sus sabores, sus aromas… Cuando comemos sin consciencia no sentimos satisfacción, solo llenamos la barriga. Y nuestra mente lo interpreta como si no hubiéramos comido y al cabo de poco sentimos sensación de hambre de nuevo.

7. Cambia tu forma de hablar.

Observa tus expresiones: “Perder peso”, “es difícil”, “pecar”, “no puedo”¿Qué energía te generan? ¿Por qué otras expresiones podrías cambiarlas? Por ejemplo: Cambia la palabra “pecar” por “He elegido comer esto porque aunque es posible que no sea lo más saludable, sí me apetecía y me convenía y lo he hecho con responsabilidad y des del equilibrio” . La palabra pecado está llena de culpa, y ya sabes lo que pasa con la culpa…

8. Elige alimentos de la madre tierra

Elige la mayor parte del tiempo alimentos que nos ofrece la madre tierra y no productos procesados que están elaborados por máquinas. Además, hoy en día hay una gran variedad de helados, smoothies, etc. riquísimos que se pueden hacer sin azúcares ni edulcorantes, y con un montón de propiedades.

9. Evita criticarte

Cuando comas algo no saludable, evita criticarte, simplemente hazlo con consciencia y responsabilidad. Cuando comas algo que no es tan saludable, simplemente hazlo con consciencia y disfrutando al máximo. Y ya está no pasa nada. Una vez hecho, suéltalo y quédate con el rato agradable y las sensaciones sentidas.

Lo que nos bloquea y nos engorda no es tanto lo que comemos, sino el como nos sentimos después de hacerlo e incluso mientras lo hacemos. Tanto es así que ni lo disfrutamos.

Muchas de las personas que acompaño me explican que una vez sienten que “se han pasado” siguen comiendo por la rabia que les hace haber “caído” y con la intención de autocastigarse.

Si comes algo no muy saludable pero muy rico, en buena compañía, en un ambiente agradable, con consciencia plena de que no es lo más saludable y que no lo vas a hacer constantemente pero estás disfrutando al máximo… Oye, ¿qué pasa? ¡Esto también es salud y vida!

La paradoja es que algo poco sano puede ser fuente de salud y seguir una dieta muy sana pero tan a raja tabla que genera altos niveles de estrés y tensión se convierte en algo insano.

Recuerda amiga, en la flexibilidad está la excelencia.

Si te pillas machacándote y juzgándote, respira y aplícate compasión “Heey, no pasa nada, vale, sí, has comido algo que no es súper-sano, pero tampoco es tan grave, mañana comerás bien y no pasa nada, todo está bien…”

10. Quiérete, mímate, cuídate, respétate.

Quiere a tu cuerpo, mímalo, cuídalo, respétalo. Si no lo haces tú, ¿quién lo va a hacer? Dedícate tiempo, mimos, cuidados… Físicos y emocionales.

Regálate momentos de conexión contigo misma y con tu cuerpo, escúchate, escucha tu cuerpo, tus necesidades, las sensaciones, las emociones… Siente tu cuerpo profundamente y dale las gracias por todo lo que hace por ti.

Sonríele internamente y a cada uno de tus órganos. Pregúntate como estás, si todo va bien… Ábrete a las respuestas y a darte lo que necesitas. Medita, da paseos al aire libre, baños de sol… Esto también te ayudará a reconectar contigo y tu verdadera naturaleza.

Para finalizar, ¿qué recomendarías a nuestras lectoras que quieren perder esos quilos de vista sea como sea para el verano?

Primero de todo, como he dicho anteriormente que lo expresen de otra forma, de la que quieran pero que no utilicen el verbo “perder.”

Por otro lado, la fórmula “sea como sea” no funciona. La única forma que yo he comprobado empíricamente que sí funciona es: cuidar y alimentar cuerpo, emociones y alma. Y esto ni se hace en dos días, ni con una dieta, entendiéndola como algo temporal y restrictivo, claro.

Les diría que en vez de perder se centren en ganar: Autenticidad, bienestar, salud, calidad de vida, ilusión y pasión.

Con ello no van a perder nada, al contrario, se van a beneficiar de un cuerpo más ligero, menos cargas y menos quilos.

También, en que se acepten tal y como están ahora y a partir de entonces, se abrirán las posibilidades de cambio. Si intentan bajar quilos des del rechazo no lo van a lograr. El propio rechazo, la vergüenza e incluso el asco, son emociones que generan tanto estrés que se bloquea la eliminación de grasa. También, genera mucho sufrimiento

El sufrimiento nace de no aceptar las diferencias que existen entre nuestra realidad y nuestros ideales. Y las posibilidades de que nuestra realidad encaje totalmente con nuestros deseos en todo momento son nulas. Más aún, si nos comparamos con los cánones de belleza establecidos hoy en día como “ideales”.

Cuando luchamos y nos resistimos contra el hecho de que estamos sintiendo dolor por estar como estamos acumulamos sentimientos de ira, frustración y estrés (además del dolor en sí mismo). Cuanto más nos resistimos a “lo gordas que estamos”, más sufrimos. Y contra más sufrimos, más ansiedad tenemos, más comemos y más engordamos. Al contrario de lo que queremos, ¿verdad?

Así que la solución es posible, que no sea hacer como siempre lo que sea, probando de todo sin parar, por bajar esos quilos que sentimos que nos sobran.

Quizás se trata más de empezar por dejar de hacer y empezar a aceptar como estoy ahora, ver potencialmente lo que puedo cambiar y hacer lo que esté en mis manos hacer, desde la paciencia, el amor, el cariño  y el respeto a mi misma y a mi cuerpo.

Para finalizar, sobretodo, si ven que no pueden hacerlo solas, que busquen ayuda. Pedir ayuda es signo de fortaleza, no de debilidad.

Con esto me despido, muchísimas gracias de nuevo Cristina por invitarme y a todas por leerme. Un abrazo virtual con mucho amor y mucho ánimo 😉

Sandra Navó


Si te ha gustado y quieres saber más de la psiconutrición de una forma holistica, no dudes en contactar con Sandra a través de su web: www.sandranavo.com

Psiconutricionista Integrativa, Coach de salud y apasionada de los animales.

Acompaño a las personas a liberarse de bloqueos físicos y conflictos psicoemocionales que provocan sobrepeso, ansiedad por comer y baja autoestima para que puedan sentirse sanas por dentro y bellas por fuera y vivan una vida auténtica, libre y plena.

A Sandra y a mí nos encantaría saber tu opinión sobre este artículo 🙂

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